Trabajamos con estudios de diseño, tiendas de decoración y arquitectos que buscan piezas de gres con carácter propio. Cada encargo sale del taller con la seguridad de quien conoce el material y respeta los tiempos de secado y cocción.
No repetimos moldes industriales ni esmaltes genéricos. Cada encargo sale del torno con decisiones propias: la arcilla, la capa de esmalte y el tiempo de horno se ajustan a la pieza, no al revés.
Amasamos y reposamos nuestras propias pastas de gres. Eso permite controlar la plasticidad y la respuesta al horno, algo que no se consigue comprando barbotina ya hecha.
Un mismo esmalte se comporta distinto según la arcilla y la temperatura. Hacemos pruebas de cocción antes de aplicar el acabado definitivo a tu pedido.
Los relieves de hierro y piedra de los viaductos se traducen en incisiones y capas de engobe. Cada jarrón o baldosa lleva un patrón pensado para esa forma concreta.
Primero la bizcochada y luego la cocción de esmalte, con curvas de temperatura registradas. Si una pieza no resiste, vuelve a empezar; no la disimulamos con retoques.
Para vajillas y sets de regalo coordinamos contigo la cantidad, el tono y el nivel de textura. Así la pieza entra en tu mesa o en tu evento sin sorpresas de última hora.
Si una pieza llega con una grieta o un defecto de esmaltado, la rehacemos. Preferimos explicar el proceso y asumir el error antes que entregar una pieza a medias.